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Contrabando para sobrevivir, la otra cara que no entienden las autoridades

Jun 30, 2020

Conozca cómo mujeres, hombres y niños se gana 10 dólares pasando arroz al hombro, corriendo todo riesgo.

Análisis
Yaco Martínez
Ganarse diez dólares es toda una odisea y un sacrificio en tiempo de pandemia, más aún para aquellos que nunca han tenido un empleo público o trabajo privado remunerado. Aquí en Tulcán se pueden ver a diario miles de historias de carchenses que han decidido tomar grandes riesgos para ganar diez dólares en un día y no dejar morir a sus hijos de hambre.
Olga, es una de esas mujeres que llega todas las mañanas hasta El Brinco, norte de Tulcán, donde desafía a los servidores policiales, militares y aduana para cargar una caja de atún, recorrer caminando por chaquiñanes, aproximadamente 5 kilómetros hasta las antenas de Alta Mira, Ipiales, Colombia, donde recibirá como pagó 10 mil pesos (3 dólares), en el mejor de los casos, o quizá menos porque no se maneja dólares, sino moneda colombiana, porque los comerciantes que vienen a dejar sus recursos económicos y activar económicamente a las bodegas de la calle Calderón, norte de Tulcán, son colombianos.
Al igual que Olga, Luis padre de familia de 4 menores de edad tras cruzar hasta Ipiales, pagando dos peajes de 1.000 pesos y llevar un quintal de arroz, ahora espera en Alta Mira, conseguir algo para echar al hombro y traer de vuelta a Tulcán por El Brinco, dos canastas de mora o en el mejor de los casos papel higiénico, Suavitel o más productos de aseo personal, que serán más livianos para trasladarlos caminando por los chaquiñanes, traslado que lo hará en 30 minutos aproximadamente.
La vida de Luis es complicada, para conseguir los 10 dólares madruga a las 5 de la mañana, no desayuna, pero su responsabilidad de padre hace que el desayuno pase a segundo plano, lo principal es conseguir algo de carga para llevar y traer, porque solo así alcanzará, en el día, hacer tres viajes, que se convierten al final en esos ansiados 10 dólares, que le servirán para dar de comer a sus hijos.
Se hacen solo tres viajes porque hay mucha gente, ahora, no solo son los informales, sino también choferes y hasta profesionales los que se están dedicando a esta actividad porque “no hay otra”.
Pero esta realidad cambió en los últimos días, cuando la Brigada militar Andes, acantonado en Tulcán, asustada por una nota periodísticas de un canal nacional, que vino a mirar de lejos esta realidad y mostró una cara que no corresponde a estas personas, que lo único que están haciendo es ponerle una mejor cara a la pandemia, decidió montar controles permanentes en El Brinco y Peña Blanca, para evitar el supuesto gran contrabando que se daba en este sector.
Decisión que ha dejado a miles de informales sin alternativa para conseguir esos 10 dólares y tener así con qué dar de comer a sus hijos y lo más importante, dejar de pedir al Estado les dé una ración alimenticia en tiempos de pandemia. Mientras los verdaderos contrabandistas siguen cruzando la frontera por otros pasos, pagando, cruzando camiones de frutas, cebollas, cigarrillos, celulares y más productos desde Colombia, inundando el mercado nacional.

CANASTA COMERCIAL FRONTERIZA
La pandemia ha matado el comercio entre Tulcán e Ipiales, del que vivían miles de familias, mal llamadas contrabandistas, porque en el mundo existen acuerdos y el mundo vive del comercio. Por eso, entre Ecuador y Colombia existe el Acuerdo de Esmeraldas, donde se permite cruzar por la frontera productos de primera necesidad, entre otros, hasta cuatro salarios básicos unificados. Actividad que se ha visto afectada por la pandemia al estar cerrada la frontera.
Entonces, que hacen estas personas, que se dedicaban a esta actividad en momentos de pandemia, es la pregunta, pues nada, se comen la camisa, para eso se necesita que las autoridades del gobierno central y local aceleren diálogos con las autoridades de Colombia para que se flexibilice la activación comercial para estos sectores, que viven de esta actividad y así no hacer más agonizante la vida de las familias más pobres de Tulcán.
Los estamentos estatales no tienen recursos para atender la demanda de estos sectores, nunca los ha tenido, más ahora en pandemia, lo correcto es agotar todos los diálogos con Colombia para que se active esta actividad comercial, cuidar así a los tulcaneños que no solo hacen un sacrificio triple al cruzar por chaquiñanes y ríos por 10 dólares, sino que corren el riesgo de un contagio masivo en tiempos de Covid-19.

PUNTUAL

“Lucila”
Mujer informal que subsiste la pandemia trabajando en El Brinco
Este es su “trabajo”, el cual le ha permitido educar y sacar adelante a sus hijos, ella se dedicó a esta actividad porque en la ciudad de Tulcán no hay suficientes fuentes de trabajo. Considera que las autoridades no velan por el bienestar de las personas más necesitadas.

Esta es una de las razones que incitan a que las personas se dediquen a esta actividad en la cual ponen en riesgo su propia vida, debido a que tienen que llevar en hombros un quintal de arroz u otro tipo de producto, tratando de evitar los controles militares y policiales que existen en la frontera.

Tenemos que ir por trocha y a escondidas para evitar que los productos que transportamos sean decomisados y así poder llevar algo a la familia. Trabajamos días enteros y ganamos unos pocos dólares que nos permiten cubrir las mínimas necesidades.

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